Son momentos muy difíciles cuando desafortunadamente se rompe un matrimonio, por lo que al atravesar por un divorcio no se tiene cabeza para pensar en: ¿quién se queda con la casa?, sin embargo, es algo que se tiene que afrontar, tarde o temprano.

 

De la casa de tus sueños a casa de la discordia

Cuando adquirimos una casa durante el matrimonio, seguramente nos surgen dudas sobre qué pasaría con la propiedad si nos divorciamos. Esto es bastante complejo de explicar, porque tiene muchas aristas. Pero aquí te presentamos lo que logramos investigar de manera muy general, recuerda que cada caso es distinto.

 

Háblalo con tu pareja

Es necesario hablar y meditar sobre este álgido punto con la pareja tiempo antes de adquirir una propiedad, para que esta nunca pase de ser la casa de nuestros sueños a la casa de la discordia.

 

Miedo al tema

Hay personas que piensan que trae mala suerte hablar de esto o que la pareja supondrá que tenemos planeado divorciarnos por tocar este tema, pero en un matrimonio es importante hablar de todo, con confianza, sin temor a ser juzgado. Si no puedes hablar de esto con naturalidad es que falta comunicación y debes resolverlo antes de planear comprar un inmueble, porque seguro vas a tener problemas graves si te divorcias, y ahí los únicos que ganan dinero son los abogados, más vale prevenir.

 

Común acuerdo

Gracias a que lo han hablado antes, muchos matrimonios al divorciarse establecen que de común acuerdo la casa queda para el uso de los hijos hasta que crezcan, es decir, es donde vivirán hasta que sean mayores de edad; entonces, independientemente de lo que diga la ley, se marcha de casa el que no tendrá la guarda y custodia de los niños. También es posible que la vendan para dividir el dinero entre la pareja. Cuando no hay hijos, el matrimonio decide quién se queda con la casa o si la venden y después dividen el dinero. En éstos casos firman un acuerdo y así se arregla el asunto de manera idónea; pero no siempre es así, la mayoría termina en pleitos a muerte por reclamar la posesión de la casa, así que entonces es aquí en donde entra la legislación y se hace lo que dictamina un juez después de un juicio.

La Separación de Bienes

En la Separación de Bienes los cónyuges conservarán la propiedad y administración de los bienes que respectivamente les pertenecen.

 

Los bienes matrimoniales y el divorcio

Los bienes matrimoniales son la mayoría de los bienes que la pareja, es decir, los dos cónyuges obtuvieron o ganaron durante su matrimonio. No importa a nombre de quién esté el título o la escritura. Un bien matrimonial es propiedad de los dos. Los bienes matrimoniales se dividen en su divorcio. 

Las cosas que no son bienes matrimoniales se llaman bienes separados. No se dividen los bienes separados. Si un cónyuge tiene bienes antes del matrimonio, son bienes separados. Si un cónyuge hereda, o si le regalan, bienes durante el matrimonio, son bienes separados. Si un cónyuge tiene bienes separados y aumentan el valor por sí solo, el aumento de valor es un bien separado. A veces los bienes separados se convierten en bienes matrimoniales. Los bienes separados pueden aumentar en valor durante el matrimonio por algo que hizo alguno de los cónyuges. En ese caso, el aumento de valor es un bien matrimonial. (Por ejemplo: su cónyuge fue propietario de un hogar antes de su matrimonio. Durante el matrimonio, usted o su cónyuge hicieron arreglos en el hogar que aumentaron el valor de la propiedad. El aumento de valor es un bien matrimonial).

 

Ojo, porque los bienes separados se pueden convertir en bienes matrimoniales si se usa regularmente para propósitos matrimoniales o si se pone en una cuenta bancaria en conjunto.

 

Cuando el matrimonio adquiere en común por donación, herencia, legado, por cualquier otro título gratuito o por don de la fortuna, entre tanto se hace la división, serán administrados por ambos o por uno de ellos con acuerdo del otro; pero en ese caso el que administre será considerado como mandatario.

 

Hay muchos tipos de casos, por lo que es recomendable consultar a un abogado para no incurrir en errores que pueden costarnos el patrimonio, y siempre es necesario hablar con la pareja respecto a este tema cuando se planea adquirir bienes inmuebles.